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# Elige tus complicaciones
- URL: https://notas.evaristobabe.com/elige-tus-complicaciones/
- Published: 2026-10-13T00:56:12.000Z
- Updated: 2026-10-13T00:56:12.000Z
- Description: No quiero una vida sin complicaciones. Quiero elegir cuáles merecen la pena. Una reflexión sobre la simplicidad, los compromisos y una pregunta de Marco Aurelio: «¿Es esto necesario?».
- Author: Evaristo Babé
- Tags: simplicidad, estoicismo, filosofía práctica, decisiones, compromiso, marco aurelio

El otro día me salió en Instagram la típica cita estoica que me suele llamar la atención: "*Do not disrupt yourself. Strip yourself down to simplicity"*. Me gusta mucho el concepto de simplicidad, pero no terminaba de entender qué querría decir exactamente Marco Aurelio y fui a buscar la cita original. Al final y al cabo hay muchas traducciones raras en Instagram de citas de estoicos, y muchas veces parece que sirven más como excusa para poner de fondo una foto de una montaña que otra cosa. Así como acabo de hacer yo con esta foto cruzando el Tongariro, en Nueva Zelanda.

Retomando la cita de Marco Aurelio, la encontré muy fácilmente (gracias, ChatGPT). En *Meditaciones 4.26*, Marco Aurelio escribió: "σεαυτὸν μὴ τάρασσε· ἅπλωσον σεαυτόν". Así escrito sonaba muy sugerente, pero no domino el griego antiguo. La traducción más literal sería algo así como: "No te perturbes. Simplifícate". Y yo, al leerla, entendí algo todavía más sencillo: **no te compliques la vida**. Me gustó mucho más entenderlo así porque es literal lo que yo hago todos los días de mi vida, intentar simplificar todo. Pero hacerlo fue un proceso que me costó muchísimo esfuerzo.

Lo de "simplificarte" dicho por Marco Aurelio casi suena como si fuese una especie de Marie Kondo con toga o un gurú minimalista de esos que se ponen de moda y te dicen que solo puedes tener tres camisetas, borra Instagram, vive en una cabaña y posee doce objetos. Y diría que nada más lejos de la realidad. No olvidemos que Marco Aurelio fue emperador de Roma, ¿existe algo más complejo que eso? Su vida tuvo que tener una complejidad absurda, más preocupado por guerras, hambrunas, conspiraciones, plagas o funcionarios que por tener una o doce túnicas. Por eso no creo que lo que dice tenga nada que ver con bienes materiales.

Y me gusta porque me hizo darme cuenta de que muchas veces llamamos complicada a la vida equivocada. Puedes tener una agenda infernal y una cabeza bastante sencilla, o aparentemente tener poquísimas cosas y vivir permanentemente enredado en ellas. No se trata de cuántas cosas tienes. Se trata de cuántas cosas innecesarias estás metiendo en tu vida, y sobre todo, en tu cabeza. Que son las complicaciones más difíciles de resolver.

Yo odio las complicaciones. Huyo de ellas como de la peste. Me encantan las cosas simples y la sencillez en el día a día, y así he gestionado mi vida últimamente. Pero tengo una empresa, me meto en proyectos, me gusta conocer gente, viajo muchísimo, me encanta aprender cosas nuevas, montar planes. No paro. Cosa que podría parecer muy complejo (y lo es). Pero son las complicaciones que YO he elegido. Eso es lo que me gusta. Y dentro de esas complicaciones, intento hacerlas digeribles y sencillas para que todas esas cosas se adapten a mi vida y no al revés.

Por ejemplo elegí no tener coche nunca en mi vida. Y sé que no es algo muy complejo. Pero elegí no tener que preocuparme de aparcar, de pagar seguro, de ocuparme de las multas, de llevarlo al taller, o lo que sea. Prefiero moverme en Cabify o alquilar coche cuando lo necesite. Y si puedo armar mi vida para caminar e ir en bici, mejor. Pero es lo que yo elegí. Hay gente para las que tener coche es básico, cero complicado y les encanta. Pero yo,si puedo pagar para no tener una complicación, lo hago. Hay cosas que me molestan mucho menos por el dinero o por el tiempo que cuestan que por el espacio que ocupan en mi cabeza.

Pero ojo, y esto para mí es importante. Elegir simplicidad no quiere decir "no esforzarte". Hay muchas cosas difíciles que precisamente quiero conservar. Ir al gimnasio cuando no tienes ganas. Construir una empresa. Escribir un libro y la constancia que merece. Mantener una relación con los sacrificios que a veces conlleva o las elecciones diarias que debes hacer. O aprender algo complicado. ¿Hay algo mejor que la sensación que tienes cuando sales del gimnasio un día que no querías ir? No creo que nadie se haya arrepentido nunca de haber ido al gimnasio un día que no tenía ganas. Pero es un esfuerzo que merece la pena. Y no todos merecen la pena.

Así que supongo que todo depende de qué complicaciones quieres mantener. Todo lo que merece la pena trae sus complicaciones. En mi caso, ¿quieres una empresa? Vas a tener todos los problemas que eso conlleva. ¿Quieres viajar mucho? Tendrás aviones, maletas, jet lag y mil problemas. ¿Quieres estar en forma? No te saltes el gimnasio. Y así con todo. Pero para mí las complicaciones elegidas son el precio de la vida que quieres. Son parte de ese paquete que compré.

Yo no quiero una vida sin complicaciones. Probablemente sería una vida bastante aburrida. Lo que quiero es poder elegir cuáles merecen la pena.

Pero hay otra cosa que me parece interesante. A veces comprometerte con algo también es una forma de simplificar. Si has decidido que quieres estar en forma, ya no necesitas levantarte cada mañana y volver a decidir si quieres ir al gimnasio. Habrá días que no te apetezca y vas. Si has decidido escribir un libro, como yo hice con [El Proyecto Meridiano](https://evaristobabe.com/proyecto-meridiano/?ref=notas.evaristobabe.com), habrá días en los que toca sentarse a escribir aunque no me apetezca. Si has decidido montar una empresa, algunos de los problemas que vienen con ella son, sencillamente, tus problemas.

O con algo más común como una relación, que entiendo que pasa algo parecido. Si has decidido compartir tu vida con alguien, hay decisiones que ya no tomas exactamente igual que cuando estabas solo. Simplemente esa persona empieza a formar parte de la ecuación y eso hace que algunas decisiones que antes tomabas pensando solo en ti ahora las tomes pensando en dos. También esa complicación venía incluida en el paquete. Y curiosamente, asumir ese compromiso también puede simplificarte la vida: hay decisiones que dejas de volver a tomar cada día. A mí me libera mucho más la cabeza.

Las complicaciones que peor llevo son precisamente las otras. Las que nunca elegí y, sin embargo, se van instalando. Una reunión a la que no tendría que haber ido. Una cosa que acepté hacer por no saber decir que no. Algo que compré y ahora tengo que mantener. Una discusión que sigo teniendo en mi cabeza dos días después de que terminara y ni siquiera fue tan importante. Una decisión que ya tomé pero sigo dando vueltas. O aún peor: preocuparme por un problema que quizá ocurra dentro de seis meses y sobre el que hoy no puedo hacer absolutamente nada.

Estas son quizá las peores porque muchas veces ni siquiera las identificas como complicaciones. Son simplemente pensamientos que se han instalado en tu cabeza y a los que vas dejando vivir ahí. Hay problemas que existen y otros que seguimos alimentando nosotros mucho después de que deberían haber desaparecido.

Y creo que ahí está la parte de Marco Aurelio que más me interesa. Un poco antes de aquel “simplifícate”, en sus Meditaciones, se recuerda a sí mismo que debe eliminar no solo las acciones innecesarias, sino también los pensamientos innecesarios. Y propone una pregunta muy sencilla que puedes hacerte constantemente: “¿Es esto necesario?”

Me parece un filtro buenísimo:

*¿Es necesario hacer esto?*

*¿Es necesario decir esto?*

*¿Es necesario comprar esto?*

*¿Es necesario preocuparme ahora por esto?*

*¿Es necesario seguir pensando en esto?*

Ojo, que esto no significa que todo lo que no sea agradable haya que eliminarlo. De hecho, muchas veces la respuesta será que sí toca hacerlo. Sí, tengo que ir al gimnasio. Sí, tengo que tener esa conversación incómoda. Sí, tengo que resolver este problema de la empresa. Sí, tengo que hacer algo hoy que preferiría no hacer. Pero al menos que sean de las complicaciones que he elegido.

Así que después de darle unas cuantas vueltas, entiendo bastante mejor qué quería decir Marco Aurelio con aquel “simplifícate”. Y yo no voy a quedarme solo con tres camisetas ni tengo intención de vivir en una cabaña. Seguiré montando empresas, viajando, empezando proyectos y metiéndome probablemente en más cosas de las razonables.

Pero intento distinguir cada vez mejor entre las complicaciones que forman parte de la vida que quiero y las que simplemente se han instalado en ella. Y para estas últimas me gusta volver a la pregunta que Marco Aurelio se hacía hace casi dos mil años: “¿esto es necesario?”.