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# ¿Estás demasiado tranquilo y crees que algo malo va a pasar?
- URL: https://notas.evaristobabe.com/estas-demasiado-tranquilo-y-crees-que-algo-malo-va-a-pasar/
- Published: 2026-10-05T21:12:54.000Z
- Updated: 2026-10-05T21:12:54.000Z
- Description: Después de años viviendo entre incendios y sorpresas negativas, uno acaba desconfiando de los momentos paz o de calma. Escribo sobre ese hábito de buscar problemas cuando todo va bien y de aprender a confiar en que, cuando llegue algo, sabremos reaccionar.
- Author: Evaristo Babé
- Tags: emprendimiento, fundadores, ansiedad, liderazgo, startups, salud mental, incertidumbre, aprendizaje

El año pasado hice un road trip por Florida. Mientras conducía a Key West, de pronto me puse nervioso de lo tranquilo que estaba. No me pasa muy a menudo sentir tanta paz.

Venía de recorrer los Cayos de Florida sin prisa. Había encontrado en Google Maps un sitio donde pensaba sentarme con una tabla de quesos, un vino y mi Kindle, y ya casi estaba saboreando ese momento mientras conducía. Iba feliz, escuchando [mi playlist de indie de los 90](https://open.spotify.com/playlist/1Bn2WZODL2jr68YjfNjZj2?si=63cb9410f4694284&ref=notas.evaristobabe.com), así como atontado en mis propios pensamientos, disfrutando del camino. Y en mitad de todo eso me asaltó la idea de que estaba demasiado tranquilo. Que tanta calma era sospechosa. Ridículo, lo sé, pero la incomodidad era real y no se iba.

Así que en un cruce paré, abrí el chat de la empresa, abrí el correo, y efectivamente había pasado algo con un gran cliente. Tuve que parar a buscar un problema de manera proactiva. Así que organicé una call con el equipo que estaba trabajando en ese tema, me conecté, hablé con ellos y ahí me relajé. Encontrar el problema me tranquilizó más que todos los kilómetros de mar que estaba recorriendo. Lo peor de todo es que el equipo se las habría arreglado perfectamente sin mí. Yo no hacía nada de falta en ese problema, yo lo sabía, y aun así no lo pude evitar.

Al terminar, mi socio Pablo, que también estaba en la call, me llamó y me dijo algo así como: "Varis, esto no es ni medio normal, tienes un problema grande". Nos reímos bastante, pero luego me quedé pensando en aquel momento y en cómo funciona mi cerebro.

Me he acordado de aquel momento estos días por un mensaje que me envió la semana pasada [Caro García](https://www.linkedin.com/in/carogargon/?ref=notas.evaristobabe.com), gran amiga y emprendedora a la que realmente admiro. Caro fundó una startup que creció muchísimo y ahora está en otra etapa con proyectos que le gustan, trabajando con gente que le gusta, contenta y tranquila. Me escribía para contarme que le da miedo que todo vaya tan bien. Que no sabe por dónde le va a venir lo siguiente, porque algo malo le tiene que pasar.

Leí el mensaje y me vi en el coche.

Creo que a los que hemos emprendido nos queda esa secuela. Durante años, cada vez que mirabas había un incendio, un cliente que se iba o que la caja no era suficiente, sentías ese miedo o vértigo como en un precipicio. El cerebro saca de ahí una conclusión bastante razonable, que la calma significa que todavía no has mirado. Y el hábito se alimenta solo, porque en una empresa siempre pasa algo. Abras el email el día que lo abras, algo malo vas a encontrar, con lo cual mirar te da la razón todas las veces y la próxima vez que estés a gusto volverás a mirar. Es como un juego de azar que da premio casi siempre, con el pequeño detalle de que el premio es un problema.

Además esto es algo que va mucho más allá de los emprendedores. Le pasa a cualquiera que haya vivido años en alerta, sea por una empresa, por un jefe imposible, por una relación tóxica, por vivir fuera de tu país o por una enfermedad en casa. Cuando por fin llega la calma, el cuerpo sigue en guardia.

[Brené Brown](https://brenebrown.com/?ref=notas.evaristobabe.com), investigadora y autora conocida por su trabajo sobre la vulnerabilidad y el miedo, llama a esto *foreboding joy*. Ella lo explica como ese momento en el que estás disfrutando de algo y, precisamente porque todo va bien, empiezas a imaginar qué podría salir mal. Estás viendo dormir a tus hijos o algo tan simple como ir conduciendo tranquilamente hacia Key West y, en lugar de quedarte ahí y disfrutarlo, tu cabeza empieza a ensayar la desgracia.

Alguien dirá que esa alerta es justo lo que mantiene vivas a las empresas, y tiene parte de razón. La paranoia tiene buena fama entre fundadores y se la ha ganado. Pero la paranoia que sirve suele tener un objeto: la caja, un cliente que se enfría, una métrica que empieza a moverse en la dirección equivocada. Hay algo que mirar y algo que hacer. En Key West, en cambio, la única prueba de que algo iba mal era precisamente que todo iba bien.

Debajo de ese miedo hay una contabilidad imaginaria. Sentimos que las buenas temporadas acumulan una deuda y que alguien vendrá a cobrarla, igual que el jugador de ruleta que tras cinco rojos seguidos está convencido de que ya toca negro. La ruleta no tiene memoria, y como vimos en el [post del karma](https://notas.evaristobabe.com/el-karma-no-existe/), la vida tampoco lleva un libro donde apunte que a Caro le ha ido demasiado bien este año. Hay también algo de superstición en la preocupación misma, como si angustiarse un poco fuera un peaje que mantiene lejos lo malo y relajarse del todo fuera tentar a la suerte. Como si preocuparte antes pudiera protegerte un poco de lo que venga después.

Y hay otra cosa: la calma de Caro también es fruto de sus propias decisiones. Es una calma buscada y merecida. Eligió esos proyectos y a esa gente, y supongo que dijo que no a muchas otras cosas para llegar ahí. Yo pude estar aquel día en una carretera de Florida porque en Pulpo hay un equipo independiente que resuelve las cosas sin que yo mire, que es para lo que uno monta un equipo. Tiene gracia que el día que compruebo que todo funciona perfectamente, yo me ponga nervioso.

Algo malo vendrá algún día, claro, como le pasa a todo el mundo, porque ni una vida bien montada te da inmunidad contra la mala suerte, las enfermedades o simplemente que las cosas se tuerzan. Lo que a mí me da paz es otra cosa: de todos los líos que hemos tenido en [Pulpo](https://www.getpulpo.com/?ref=notas.evaristobabe.com) hemos ido saliendo reaccionando cuando llegaron. La preocupación de la víspera jamás me ahorró un solo lío, y me ha costado unas cuantas noches. Lo que sí me ha servido y creo que es una herramienta importante en la vida es la capacidad de reaccionar cuando llega lo imprevisto. Si alguien tiene pruebas de sobra de que sabe apagar incendios es quien lleva años apagándolos.

La lección que me llevo de esto es importante para mí. En aquel cruce, antes de abrir el chat de la empresa, me hubiera bastado con preguntarme si me necesitaban ellos o lo necesitaba yo. Si me hubiesen necesitado, me habrían llamado. Para eso estoy, para apoyar cuando toca. Pero ese día no me buscaron, fui yo el que los buscó. Aquel día lo que me tocaba era aguantar esa incomodidad un rato, que por lo visto también se puede entrenar.

A Caro le voy a contestar todo esto, aunque seguramente más corto, que ella solo me envió un WhatsApp. Que su alarma funciona perfectamente, solo que sigue calibrada para una vida que ya dejó atrás. Y que después de tantos años aprendiendo a apagar incendios, puede permitirse terminarse su copa de vino tranquila.

Yo es algo que sigo practicando. La próxima vez que vaya hacia una tabla de quesos pienso llegar sin haber mirado el móvil, y cuando lo consiga llamaré a Pablo para decirle que tenía razón.